El desconocimiento de las Leyes de la Vida deja al individuo con muy pocas posibilidades de evitar las situaciones que sobrepasan su capacidad de acción, que en muchas ocasiones se vuelven repetitivas, sin que pueda hacer nada al respecto salvo lamentarse y quejarse de su "mala suerte"; ésta en realidad no es tal, sino que sólo está recogiendo el resultado de desobedecer inconscientemente las Leyes de la Vida.